Hace algunos días la revista Muy Interesante publicó un artículo que tenía por nombre: Caricias Antidrogas. Esta publicación refería a que científicos de Estados Unidos y Australia, realizando experimentos con ratones, encontraron que aquellos que tenían mayor contacto físico con su madre en la infancia, producían en mayor cantidad una molécula llamada Interlucina-10 (IL-10), que en la edad adulta los ayudaba a contrarrestar la adicción generada por algunas drogas como la morfina.
El estudio en esencia es sorprendente, probablemente no tanto para los que ya decíamos que cuando un individuo nace y crece en circunstancias que garantizan la seguridad física, emocional, mental y económica, tiende a ser un individuo más sano y más sociable.
Sin embargo, una vez más, se genera un fuerte cuestionamiento a nuestro Sr. Presidente, que en su perseverancia o estupidez, sigue creyendo que su guerra en contra del narcotráfico, las drogas o los delincuentes en general, modificará en algo la violencia que se ha desatado hoy en nuestro país. Después de más de 50 mil personas fallecidas y 8 500 niños huérfanos tan solo en el Estado de Chihuahua (de acuerdo con datos del DIF Estatal), hay que reconocerle que, ¡al fin!, en su penúltimo año de gobierno, nuestro mandatario se ha dado cuenta, o quizá le han hecho darse cuenta, que la verdadera solución se encuentra en “atender el deteriorado tejido social”.
Es en este último punto en donde no podemos ni debemos hacer a una persona responsable de este hecho, ya que el problema no solo tendría que ver con sacar al ejercito de las calles, sino también con ejercer un pacto nacional a favor de la educación; en donde Elba Esther, preocupada por los resultados de la prueba enlace y la incapacidad de Peña Nieto para citar libros, genere una responsabilidad real de parte del sindicato; en donde Cordero, y los muchos Secretarios de Hacienda y Crédito Público que le antecedieron y por ende el Sr. Presidente, se den cuenta de que el sistema económico aplicado en nuestro país esta acrecentando la desigualdad (que según la OCDE coloca a México en las peores posiciones, junto a Chile, otro país que también ha aplicado el sistema económico neoliberal), dándonos una clara formula: crecimiento no es necesariamente igual a desarrollo. Tal vez varios miembros de la clase dirigente ya se hayan dado cuenta de esto, pero quizá sea difícil incomodar a Emilio Azcárraga, a Salinas Pliego y a Carlos Slim para decirles que por favor abandonen su estatus de monopolio y ayuden a que la jerarquía social sea menos pronunciada.
Por último, tendríamos que preguntarnos si acaso el camino real de esto tenga que ver con la forma en cómo la sociedad civil pugna espacios y resultados, no hablo de que sea la culpable, sino la única en donde, como base, surja la solución que todos los “proles” de este país desearíamos para dejar de tener una sociedad política tan mezquina, ciega y poco congruente entre su retorica y la verdadera acción de su discurso.